El hombre que hablaba con el agua

July 23, 2008 at 2:44 pm (literature, medicine) (, )

En 1988 un artículo en la revista Nature causó un enorme revuelo en la comunidad científica y una gran alegría entre los homeópatas de todo el mundo. Por fin, tras décadas siendo tratados como curanderos, los practicantes de la homeopatía tenían un respaldo científico. El biólogo francés Jacques Benveniste había probado en un laboratorio, nada más y nada menos, que la memoria del agua. Esto vendría a ser como la Piedra Filosofal de los homeópatas.

Pero vamos a ir un poco hacia atrás.

Esta historia trata de un supuesto fraude, el cometido por Jacques Benveniste, y de un error, el que cometió John Maddox, editor de la revista Nature.

Historia del agua
Hahnemann vs Avogadro

La homeopatía fue inventada en 1810 por el médico alemán Christian Friedrich Samuel Hahnemann basándose en tres pilares: el tratamiento personalizado, la ley de los infinitesimales y la ley de los similares. Nos centraremos en los dos últimos por ser los desencadenantes de esta historia.

La ley de los infinitesimales es algo así como “cuanto menos, más”. O, cuanto menor es la dosis de algo, mayor efecto produce. ¿A qué ya empieza a sonar a gato encerrado? Pues queda la mejor, la ley de los similares o, lo que es lo mismo, las enfermedades son curadas por sustancias naturales que producen sus mismos síntomas.

¿Como llegó Hahnemann a estás conclusiones? Bien simple, observó que la quinina producía fiebre y vómitos, síntomas similares a la malaria, enfermedad que se trataba con quinina. Ya está. Eso es todo. De la observación de una simple coincidencia, Hahnemann extrapoló la base de la homeopatía: la ley de los similares.

¿Y la ley de los infinitesimales? Se podría decir que Hahnemann inventó esta ley para proteger su propia vida. Una vez dado el salto de fe con la quinina y su anterior ley, el médico alemán se dedicó a probar multitud de sustancias naturales (plantas y minerales, hablando claro) para observar sus síntomas y emparejarlos con enfermedades que produjeran reacciones similares. Pero había un problema, gran parte de esas sustancias naturales eran potentes tóxicos. Para no morir intoxicado, Hahneman utilizó la dilución. Disolvía las medicinas en agua en relación 1:10, es decir una parte de medicina y diez de agua. Después de agitar la solución, repetía el proceso volviéndola a mezclar con diez partes de agua con lo que la relación quedaba 1:100. Y así una y otra vez hasta que lo único que ingería el médico era simple agua. En los envases de productos homeopáticos actuales podemos encontrar estas leyendas: 30X, 50X, 100C, 200C, etc. La X significa que la dilución se ha hecho con diez partes de agua y la C con cien, es decir, una dilución 200C significa que se ha diluido el producto “curativo” entre cien partes de agua y se ha repetido el proceso doscientas veces. Hahneman, en contra del sentido común, postuló que un principio activo era más efectivo cuanto mas diluido estaba… Tal cual.

Sin embargo, es lógico el éxito de la homeopatía en sus inicios teniendo el cuenta como funcionaba la medicina de la época, a base de sangrías y otras técnicas aun más peligrosas. El 60% de las dolencias acaban desapareciendo solas, así que era preferible un médico que te recetaba agua y te convencía de que te ibas a curar a otro que agravaba tu enfermedad a base de desangrarte. El problema es que, una vez curados, los enfermos lo agradecían a Hahneman y no al simple efecto placebo. Es como si le diéramos las gracias al gallo pues a causa de a su canto, amanece.

Aquí es donde entra en escena el Conde de Quaregna e Cerregno, más conocido como Amadeo Avogadro. El químico italiano estableció la famosa ley que lleva su nombre y que viene a decir que la masa atómica de cualquier elemento contiene el mismo número de átomos. Ese número, calculado años más tarde, es el número de Avogadro: 6,02214199×1023. Bien, esto, que puede sonar a chino, aplicado a lo que nos ocupa da lugar a una idea interesante: el límite de dilución, esto es el punto en que en una dilución no queda ni una sola molécula del compuesto diluido. Por ejemplo, en una dilución 30X, de las menores empleadas en homeopatía, deberíamos ingerir 30.000 litros de agua para tomar una sola molécula de principio activo. En palabras del físico Robert L. Park: “El Oscillococcinum, un remedio homeopático estándar para la gripe, es un derivado del hígado de pato, pero su uso en homeopatía no amenaza a la población de patos. Su dilución estándar es de 200C. La C significa que el extracto está diluido en proporción 1:100 y agitado en 200 ocasiones. Como resultado tenemos una dilución con una molécula del extracto por cada 10400 moléculas de agua, es decir, un 1 seguido por 400 ceros. Pero sólo hay 1080 (un 1 seguido por 80 ceros) átomos en el universo entero. Una dilución 200C va mucho más allá del límite de dilución de todo el universo visible.”

Esto no es lo más gracioso. Se supone que Oscillococcinum es un microbio que vive en el hígado de los patos pero resulta que… Oscillococcinum no existe. Ningún científico lo ha visto jamás ni, por supuesto, se encuentra en ningún libro de medicina o de biología. En realidad solo existe como nombre patentado por la empresa homeopática francesa Boiron, cuyos ingresos anuales, solo gracias a este medicamento inexistente, superan los 300 millones de euros.

Así pues, tendríamos que tomarnos varias píldoras de preparado homeopático de Oscillococcinum del tamaño del universo para tener una pequeña posibilidad de ingerir una sola molécula activa de un microbio que ni siquiera existe.

Los homeópatas conocen la ley de Avogadro y están conformes con que sus preparados no contienen ni una sola molécula de sustancia curativa. ¿Cómo, entonces, pueden defender la homeopatía? Fácil, afirman que el agua “recuerda” las moléculas con las que ha estado en contacto aunque estas hayan desaparecido hace tiempo. Si, de verdad, y lo dicen en serio sin reírse ni nada. Antes de analizar las implicaciones de esto, que son muchas y muy absurdas, vamos, por fin, a hablar de uno de los protagonistas de esta historia, Jacques Benveniste.

El agua se acuerda
Benveniste hace experimentos

Durante la segunda mitad del siglo XX la medicina había avanzado a pasos de gigante y la homeopatía, que seguía, y sigue, estancada en el libro de Hahnemann y sin ningún descubrimiento en su curriculum, estaba un poco olvidada. Era una más en la larga lista de medicinas alternativas y pocos científicos habían siquiera oído hablar de ella. Esto cambió de la noche a la mañana el 30 de junio de 1988.

Ese día apareció en Nature un artículo firmado por un equipo de investigadores, entre los que se encontraba Jacques Benveniste, titulado: “Desgranulación de basófilos humanos activada por un antisuero contra IgE muy diluido”. Parece más complicado de lo que es. Los basófilos no son más que glóbulos blancos e Ige es un anticuerpo que produce reacciones alérgicas en todos los seres humanos. El Ige proviene de las cabras y se le podría considerar una especie de alérgeno universal. Si los basófilos entran en contacto con un suero en el que haya Ige diluido presentarán una reacción alérgica.

El experimento de Benveniste era bien simple. Iba a diluir un gramo de Ige en un litro de agua. Luego repetiría esta operación 20 veces, lo que en términos homeopáticos se conoce como una dilución 20C. Luego pondría esta dilución en contacto con los basófilos para ver si había reacción alérgica. Sabemos, gracias a Avogadro, que en una solución 13X ya no quedan ninguna molécula del diluido por lo tanto no debería producirse reacción alguna. Las conclusiones del experimento publicado en Nature decían lo contrario. Se produjo reacción alérgica (unas pocas veces).
Benveniste aventuraba una explicación: el agua conserva una especie de molde de la molécula. Esta teoría fue conocida como memoria del agua. Benveniste llegó a hacer afirmaciones tan absurdas como la que recoge Federico di Trocchio:
“[Benveniste]Declaró, por ejemplo, que se podrían lanzar las llaves del coche al Sena y recoger luego en Le Havre las moléculas que conservan el molde que permitiría volver a hacer las llaves y encender el motor. Cuando escuchaban este ejemplo, los colegas de Benveniste, físicos y químicos, sacudían la cabeza”

Benveniste recibió en 1991 un premio ig Nobel por su artículo. Los premios ig Nobel son lo contrario a los Nobel y se dan cada año a los estudios mas absurdos e inútiles.

Algo que olvidó el científico homeópata fue explicar como decidía el agua de que se acordaba y de que no. El agua que bebemos lleva millones de años pululando por el planeta y ha estado en contacto con practicamente todos los tóxicos conocidos. ¿Cómo es que no morimos entre horribles dolores cuando bebemos un vaso de agua? Al fin y al cabo se acuerda de todos esos venenos con los que ha estado en contacto.

Agua estancada
¿Qué has hecho, John Maddox?

¿Por qué publicó Maddox un artículo tan absurdo en una revista del prestigio de Nature? Lo cierto es que el artículo fue rechazado en un principio por el editor que lo consideraba falto de credibilidad. Sin embargo, Maddox decidió más tarde que sería bueno iniciar un debate en torno al tema. Publicó el artículo de una forma inaudita en Nature, incluyendo una nota suya en la que instaba a los investigadores que lo leyeran a repetir el experimento de Benveniste para contrastar los resultados.El revuelo causado por el artículo fue impresionante. Salieron homeópatas hasta de debajo de las piedras. Desde ese momento la homeopatía está en todas las farmacias del mundo, se celebran congresos anuales en universidades. Incluso en España varias universidades ofertan cursos de homeopatía, lamentablemente.

¿Qué había pasado? ¿Nadie fue capaz de refutar a Benveniste? ¿Dieron resultado positivo las repeticiones del experimento? Al contrario, los resultados de Benveniste no pudieron ser reproducidos en ningún laboratorio. El propio Maddox junto al mago James Randi y el caza fraudes Walter Stewart inspeccionaron el laboratorio de Benveniste y encontraron numerosas irregularidades así como indicios de fraude, tal como publicaron en Nature el 28 de julio. El propio equipo de Benveniste repitió el experimento ante los tres investigadores y no obtuvo ningún resultado; el Ige inexistente no produjo reacción alguna, parecía que el agua había perdido la memoria. Por si esto fuera poco, se descubrió que Boiron (si esa gran empresa homeopática que vende microorganismos inexistentes infinitamente diluidos) se encargaba de pagar los sueldos y manutención de parte del equipo de Benveniste.

La revista Lancet ha publicado desde entonces numerosos eartículos serios sobre homeopatía y ninguno de ellos ha sido favorable. El más reciente, en 2005, comparaba todos los experimentos en condiciones realizados sobre el tema, unos 140, llegando a la siguiente conclusion: “No hay evidencias convincentes de efectos superiores a placebo”

Hoy en día en cualquier en farmacia de España se puede encontrar un jarabe para la tos que ha tenido que demostrar su eficacia en numerosos test antes de poder ser puesto a la venta. En esa misma farmacia también se podrá comprar, probablemente mas caro, un jarabe homeopático que no ha tenido que pasar ningún control y que principalmente está compuesto de agua. En la historia de los rayos N vimos como inmediatamente después de ser descubierto el fraude eran olvidados. Sin embargo no ocurrió esto con la homeopatía, que es un negocio mas boyante cada día y que incluso es practicada por médicos. Han pasado cien años y nuestra credulidad lejos de menguar, ha crecido. El experimento de Benveniste, una vez publicado en Nature, dio la vuelta al mundo, apareció en todos los periodicos con grandes titulares, así como en la radio y en la televisión. Las pruebas de que todo fue un fraude no han aparecido practicamente en ningún medio…
Evidentemente, John Maddox se equivocó al publicar el artículo.

EPÍLOGO
Benveniste es la única persona que puede presumir, o podría de estar vivo, de tener dos premios ig Nobel. Sí, en 1998 volvió a ganarlo por su afirmación de que el agua no solo tiene memoria si no que también habla por teléfono y usa el ordenador. Según Benveniste la memoria del agua podría ser codificada por teléfono y almacenada en discos duros… Como dice Robert Park: “Ése es el punto en el que se supone que todo el mundo se da cuenta de lo ridículo del asunto y se echa a reír a carcajadas. Pero los homeópatas no se ríen.”

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